ARTICULO 6


Por Santiago Pazhín

“La hermana Muerte ”

La muerte no existe, al menos tal como nos la han pintado desde la infancia, llevándonos a crear el miedo a su llegada y al final de nuestra existencia. No es por casualidad que el miedo a nuestra muerte o a la de nuestros seres queridos, sea precisamente la primera causa de depresión en el mundo.

El poder de la muerte es enorme y está siempre latente en nuestra vida. Pero, si bien tarde o temprano nos habrá de llevar a todos a sus dominios sin distinción alguna entre los mortales, también es cierto que tal poder solo es real de acuerdo a la actitud o creencias que ante ella mantengamos. Para millones de seres humanos que creen firmemente en la verdad de la reencarnación o en la inmortalidad del alma, -entre los que me encuentro-, la muerte solamente es la liberación de la carne y el retorno al verdadero hogar, en el mundo espiritual del que procedemos. Así, la muerte en el cuerpo físico no es más que el renacimiento en el mundo espiritual, así como la muerte en el mundo espiritual no es más que el nacimiento en el mundo físico pasajero y transitorio, al que el alma inmortal viene a aprender y progresar hasta alcanzar la perfección que precisa en su eterno peregrinar e evolutivo por el cosmos infinito.

Nadie puede escapar a su llegada. Ricos y pobres, nobles y reyes, cultos e ignorantes… todos sucumbirán ante su presencia. Desde el mismo momento de nuestro nacimiento, la muerte puede llegar en cualquier momento. Esto no debe hacernos vivir con temor a la muerte sino que debemos vivir con amor a la vida y disfrutar sanamente de cada segundo de nuestro paso por esta vida humana, algo que no solemos hacer hasta que la enfermedad o la muerte comienza a hacerse presente.

Dado que su llegada no es conocida debemos mantenernos en paz con nosotros mismos y con los demás para que nuestro equipaje sea ligero al cruzar el Umbral. Para que vivir amansando tanta fortuna, bienes materiales o apegos de todo tipo, si verdaderamente, todos sabemos que habremos de dejarlo aquí el día de nuestra partida y que es un viaje que tendremos que hacer solos. Lo único que cuenta del lado de allá y lo único que podremos llevarnos son nuestras propias obras. Y esto ¿no es acaso algo que ya todos sabemos?. ¿Por qué entonces no aprendemos a convivir con la muerte viviendo más profunda y amorosamente nuestra vida? No deja de ser notorio que los millones de personas que afirman haber retornado de los llamados “Encuentros Cercanos a la Muerte”,(ECM) a través de la conocida experiencia del Túnel de Luz, todos ellos han vuelto con un idéntico mensaje: “La necesidad inmediata de dar amor a todos los seres, de practicar el bien la bondad y la fraternidad entre todos los seres humanos”; algo que no debe sonarnos a nuevo, dado que es la esencia fundamental de todas las religiones y de todos los grandes avatares de la humanidad, como Jesucristo, Krishna, Buda…

Ante la llegada o presencia invisible y constante de la hermana muerte y su insuperable poder, solo podemos actuar de una manera: ACEPTANDO SU EXISTENCIA Y VIVIENDO LA VIDA INTENSAMENTE…APRENDIENDO A VIVIR LA MUERTE.

No es acertado vivir con temor a la llegada de la muerte sino con amor a la vida. Saber gozar de cada infinito instante del maravilloso don de la vida. Realmente el sufrimiento a la muerte es el temer que vamos a perder la vida. Pero ello solo es por el desconocimiento que solemos tener sobre la realidad y finalidad de la muerte. Si aceptamos que poseemos un alma y que por tanto esta es inmortal, entenderemos que la muerte no es más que un cambio de lugar y de conciencia, un dejar el carnal vehículo que ésta uso a su paso y estancia por este mundo o escuela pasajera que es la tierra. SOMOS INMORTALES, solo cambiamos de residencia, pues morir en la tierra es renacer en el cielo, entonces ¿dónde está realmente la presencia de la muerte?... ¿dónde está su poder?... sólo en nuestra ignorancia sobre la verdadera realidad de la vida y de la muerte, sólo se reduce al mundo de nuestras propias creencias, y esto es algo que puedes cambiar cuando tu mismo lo desees.

Náufragos del Más Allá

Cada día se estudian y se dan a conocer más casos de las llamadas muertes clínicas o “ECM”, las cuales demuestran que, tras la llamada muerte del cuerpo, lo único que acontece realmente, es que el alma abandona su vehículo carnal, (la cárcel carnal del espíritu de acuerdo a los místicos de todos los tiempos)y retomar camino de vuelta a casa, al verdadero hogar, el mundo espiritual.

Entonces ¿por qué temer a la muerte?, por qué temer a algo que nunca existió?, sólo por la clásica respuesta de que nadie regresó para contarlo; pues yo soy de los que creen que si ha habido personas que lo hicieron, como son por ejemplo, los más de 100 millones de personas que han relatado sus experiencias post-morte y han vuelto para contarnos que tras la muerte nos espera la vida, nos espera un Todo y no la Nada; y que cada uno habremos de ir al Plano correspondiente que nos hayamos ganado en nuestra estancia transitoria por el mundo físico.

Sin conocerse de nada, sea cual sea su país, edad, raza, creencia…todos, absolutamente todos cuentan en síntesis los mismos hechos y vivencias, en su experiencia de ECM:sienten una paz inenarrable, se ven atraídos por un túnel oscuro que culmina en una luz brillante y que les hace sentirse envueltos en una paz y sensaciones placenteras, nunca experimentadas en la tierra; llegan a un lugar donde se les aparece un ser luminosos cuyo rostro emana una gran bondad; hay quienes se encuentran con sus seres queridos fallecidos y, ese REENCUENTRO es maravilloso...Todos ellos, son verdaderos casos de retorno a su cuerpo y a la vida humana, ante la sorpresa de los médicos.

No solo son los millones de casos citados quienes creen en la inmortalidad del alma y la falsa existencia de la muerte, sino la mayor parte de las religiones y filosofías que han existido desde el comienzo de la humanidad, como puede comprobar todo aquel que desee tomarse la molestia de ahondar en su estudio. Es una pérdida de tiempo tratar de convencer de lo expuesto a quien no desea escuchar ni escucharse, por lo que cada cual es libre de mantener sus propias creencias sobre este o cualquier otro tema trascendente. Por ello, en este trabajo, deseo completarlo con una experiencia real de quien escribe este artículo y al final, una poesía, que igualmente ilustra lo que es a mi entender la experiencia de la muerte a la que tanto nos han educado a temer.

Como San Francisco de Asís, afirmo que debemos entender a la muerte como nuestra hermana y siempre presente compañera de camino: Su misión es hacernos valorar y utilizar mejor y más adecuadamente nuestro tiempo de vida en este mundo pasajero y transitorio, es esta Escuela para el Espíritu en su camino e progreso y evolución por el empinado, difícil pero maravilloso y eterno camino de la Existencia.

  Una experiencia espiritual

Lo que vas a leer a continuación, fue escrito por mí, la mañana siguiente a la muerte de mi padre. Para mi, fue algo real que llevo en mi alma y deseo manifestar para hacerlo partícipe a quien pueda serle útil. Desde entonces parte de mi tiempo está dedicado a estudiar, investigar y enseñar todo lo relacionado con el mundo del alma; es decir de los sentimientos, de las emociones. ¿Cuánto tiempo hace que no dices a los seres que quieres y todavía están a tu lado, lo mucho que significan para ti, lo mucho que les necesitas y les quieres o, cuánto tiempo hace que no les pides perdón por el daño causado?. Hazlo antes de que partan hacia el Umbral del Otro Mundo. De todo ello hablaré profundamente en mi nuevo libro, pro de momento reflexiona y medita sobre lo que acabo de decirte y ponte en paz con tu alma y con los demás, pues en cualquier momento también tu tendrás que hacer ese viaje y, créeme, que lo más importante en ese momento, es dejar paz en los corazones de todos aquellos con los que el destino te llevó a compartir tiempo de vida en la tierra.

(NOTA: El día de su partida al Más Allá, me encontraba realizando un curso en Barcelona. La noche del sábado 24 de octubre del 98, llamé a mi esposa y me dio la noticia del mal estado de mi padre. Segundos después, eran sobre las 11 de la noche, llamé al hospital y mi tía, que lo cuidaba en el hospital, me explicó que estaba muy mal. Mis últimas palabras hacia él fueron: Dale un beso de mi parte y dile que el lunes estaré ahí.

Mi padre llevaba unos días sin hablar, casi sin poder moverse, cuando mi tía cogiendo su mano le trasmitió mi mensaje, movió la cabeza con torpeza hacia ella, le sonrió con un semblante de júbilo y poco después sus ojos se cerraron para no volver a abrirse. Su alma se iba tranquila.

Esa misma mañana, su hija, después de años de no verle, le había ido a visitar, mi hermano también. Solo faltaba despedirse de mí y luego emprendió su viaje en la paz que envuelve el inevitable viaje, sin que yo lo supiese. La noche siguiente recibí la noticia de su muerte en el aeropuerto, a mi llegada a Vigo y sentí un gran vacío y dolor en lo más profundo de mi alma, al tiempo que no pude contener mis lágrimas. Comprendí que en realidad le necesitaba y le quería, más de lo que yo mismo imaginaba. Comprendí que siempre le había necesitado y en ese mismo momento comencé a echarle de menos.

Esa noche, sin poder dormir, reviví miles de recuerdos buenos y no tan buenos de mi relación con él y, a la mañana siguiente, al despertar, sentí un deseo muy fuerte de escribir lo que aquí acabo de trascribí, con la plena seguridad de que ello, fue tan real, que estoy completamente seguro de haber mantenido esa conversación con mi padre. Entonces, comencé a encontrarme mejor, comprendí que mi padre se iba envuelto en la paz que nunca supo conquistar en este mundo y mi alma descargó parte del malestar que sentía al haber sido tan egoísta y dejarme influenciar tanto, por ciertas personas que me habían enemistado desde niño con ese ser, mi padre, al que tanto debo, y al que con sus defectos y virtudes, tuve el honor de ser su hijo.

Ese mismo día, movido por un fuerte impulso interior, en la despedida ofrecida a su alma en la misa, viví una experiencia demasiada interna y sutil como para poder ser contada aquí, e impulsado por una necesidad vital, me dirigí al altar y delante de los presentes, me despedí ante todos y en su nombre de mi padre. Aquí, en el segundo escrito que expongo, trascribo todo lo que sentía en aquellos eternos segundos que duró mi despedida, y que llevó a mi alma a expresarle entre la rabia, la emoción y la pena que albergaban mi alma en aquel momento, que al final se convirtió en un bálsamo de paz interior. Se que mi padre estaba allí, y me comprendió, o tal vez ya en su nuevo Plano donde por un tiempo descansará de su peregrinaje por este mundo, poniendo en orden y en paz su conciencia, antes de volver nuevamente como niño a seguir por el eterno camino de la evolución del Ser que, lo cual, lo entendamos o no, todos tenemos que recorrer algún día...)

Vigo a 4 de noviembre de 1998

 

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