"A mi padre… con amor (4ª parte)"
Papa. Otro año más. Ya hace 9 años de tu partida al otro plano. Solo espero que estés en la luz y que tu paso por esta vida humana te haya sido útil para aprender de tus errores y aprovechar mucho mejor tu siguiente venida a este mundo. Aprende por favor de tus errores y de tu carácter y cuando regreses aprovecha mejor tu tiempo en esta Escuela y trata de dar un salto hacia delante en tu camino de progreso y evolución como Ser. Cuenta conmigo una vez de la forma que la Ley pueda permitírnoslo para ayudarte a dirigir tus pasos hacia la verdad, hacia la Luz, hacia el amor y la verdad de las que tanto careciste en tu última existencia.
Esta vez, la verdad, se me había pasado la fecha de tu partida y tu hija me la recordó, pero yo sigo recordándote y echándote de menos desde que ya no te tengo. Que hermoso sería poder hablar de hombre a hombre de tantas cosas sobre la vida.
Utilizo una vez más este medio tecnológico para ponerme en contacto contigo importándome bien poco lo que puedan pensar quienes lo lean, pues tu y yo sabemos que al escribir –de la forma que sea- es mi alma la que se está manifestando y a través de ella mis sentimientos y es la tuya quien los recibe en el Otro Plano. Es mi manera de disculparme por no haberte ido a visitar tus restos y tu lápida, pero ya sabes lo que pienso de esos lugares y como desde muy niño me afectaban internamente.
Espero que entiendas que nunca haya ido en estos años al cementerio porque allí no quedan más que tus cansados huesos y lo que mantengo en mi recuerdo y a lo que amo de ti es a tu alma y no a tu cuerpo. Se que no estás allí, que nunca has estado y que ya sabes que no sirvo para ser hipócrita y hacer algo porque todo el mundo lo hace por costumbre social. Yo donde te visito a veces es en mi mente, recordándote en los aspectos positivos de tu persona. Nunca podré agradecerte lo que me gustaría el que te hayas ido a navegar tantos años para que a tus hijos no les faltase sustento, ropa y estudios. Es algo que no he sabido agradecerte y ni siquiera corresponderte mientras vivías y que hoy tengo la necesidad de expresarte desde lo más profundo de mi alma.
Hoy quiero recordar cosas hermosas sobre ti. Recuerdo cuando aquel cirujano me quería cortar un dedo a los 14 años y gracias a ti, hoy está intacto en mi mano. Recuerdo la cantidad de veces que intentaste ayudarme en algunos de los problemas que te contaba y que a tu manera me ayudabas a mejorar.
Papá perdóname por haber sido tan egoísta los últimos meses de tu vida y dejarme llevar por la influencia de mamá y otros familiares que desde niño me hicieron crear una determinada imagen de ti en mi subconsciente. Fueron muchos años grabando una idea de ti que solo comencé a modificar en mi mente cuando comencé a abrirla y a ver las cosas como realmente eran y no como me las habían contado y hecho entender desde muy niño. Siento que haya sido tan tarde cuando desperté de mis ideas sobre ti el no haberte sabido comprender y sobre todo ayudarte todo lo que realmente merecías.
Cuidado no hinches pecho porque tu sabes bien que no has sido precisamente el mejor padre del mundo, ni has sabido enseñarme o formarme para el difícil y duro camino de la vida. Estabas demasiado ocupado en tu mundo y en tus cosas para abrir también tu mente y tratar de comprender a este tu hijo cuyas ideas eran muy diferentes a las tuyas y cuyos destinos iban por senderos diferentes. Pero… eres mi padre, y lo seguirás siendo siempre. Todavía sigo manteniendo lo que te dije en misa hace 9 años… Si me refiero a lo de que deseo que cuando yo también cruce el puente seas tu el primero que venga a recibirme y podamos darnos el abrazo que tanto deseo y necesito y que no hemos podido darnos en tu partida. Por cosas del destino yo estaba en Barcelona en ese momento pero, presentí con claridad, en la soledad y silencio de mi habitación de hotel que tenía que llamar al hospital. Tu ya hacía días que no hablabas, ni oías y los médicos no sabían como aguantabas tanto y no se culminaba tu último soplo de vida, para ellos era como si estuvieras esperando que algo sucediera para poder partir en paz de este mundo. Entonces recibiste de boca de tu hermana lo que yo le trasmití aquella misma noche… “dile que le quiero y que el lunes, cuando regrese iré a verle”. Todavía me emociono y estremezco cuando recuerdo que la tía me dijo que en ese momento, moviste la cabeza hacia ella, sonreíste y suspiraste. Tus ojos se cerraron para no volver a abrirse en este mundo y te fuiste con una sonrisa. Partiste en paz porque a pesar de todo tus hijos te querían y necesitabas oirlo antes de dejarnos. Tal vez por lo acontecido aquella noche, era tu manera de pedirnos perdón a todos y de corroborarme a nivel personal, que realmente era cierto lo que me dijiste el último día que nos vimos en el hospital: “Hijo, siempre fuiste al que mas quise de los tres, perdona el no saber demostrártelo y por favor, no seas nunca como yo he sido…”. Ese fue tu último mensaje para mi, sumado al de mi llamada al hospital. A mi llegada me enteraría que de forma mágica, como todo lo espiritual, aquella misma tarde te habían ido a visitar mis hermanos, y sólo faltaba yo por hacerlo. Quizá ya tu cuerpo consumido por la enfermedad y el dolor no podían aguantar más y me hiciste llamarte para que pudiera despedirme yo también de ti. Gracias por permitírmelo papá
Ojalá podamos volver a estar juntos en la tierra y tener la oportunidad de enmendar nuestros errores y caminar juntos como almas y como humanos una vez más. Yo así lo espero y deseo. Ahora permíteme que me despida pero no sin antes volver a decirte 9 años después. Gracias, papá, gracias a pesar de todo por haber sido mi padre. Que Dios te bendiga y Te de Su paz allí donde te encuentres.
Permíteme escribir un epitafio que me gustaría que pudiera haber sido colocado en tu lápida.
¡Aquí yacen los restos del envoltorio de un alma vieja que ha
pasado de largo por la vida y solo desea que en la siguiente
pueda encontrar la felicidad y el amor que se merece!
Con amor, por siempre, tu hijo Santi. 24 de octubre del 2007