“La necesidad de la adaptación del Yoga”
Reflexiones de Santiago Pazhín:
Llama mi atención, dentro del campo del Yoga, el observar como continuamente surgen nuevos personajes denominándose maestros de desconocidos sistemas ocultos y sagrados de Yoga o discípulos de maestros que nadie más que ellos mismos conocen. Igualmente, surgen multitud de diferentes tipos de Yoga, con nombres llamativos y hasta relacionados con las grandes civilizaciones antiguas, como por ejemplo, la egipcia, la tolteca… e incluso nuevos métodos de ejercicios basados en esta ciencia. Todo ello, parece dejar ver que lo que se pretendes es un claro interés por difundir algo novedoso que atraiga a la gente hacia su práctica. La abundancia de folletos difundiendo diferentes tipos de Yoga, y no importa el nombre que se emplee, es realmente alarmante en la sociedad moderna. Ante ello, no tengo más que reflejar mi interés por hacer saber que, el Yoga es uno, el clásico, el tradicional, el que los maestros idearon, y su verdadera misión es la de dirigir al ser humano hacia su propio interior para que cada quien encuentre ahí a su único y verdadero maestro, sin necesidad de seguir a nadie, depender de nadie o mucho menos, anular la propia identidad o personalidad del practicante.
Realmente todo fue ya escrito o dicho sobre el Yoga, al menos dentro de aquellos conocimientos y prácticas que el hombre moderno está capacitado para comprender y practicar, debido a los múltiples factores que impiden a la mayoría su práctica seria y disciplinada. Para una persona que desconozca el Yoga y desee iniciarse a su práctica, en vista de la gran diversidad de estilos y métodos que vienen ofreciéndose actualmente, realmente lo tiene difícil para saber cual de ellos escoger. Si bien nadie debe adjudicarse el derecho de calificar cuales son los mejores y cuales no, por el mero hecho de llevar muchos años dentro del Yoga, o basarse en estar amparado por una u otra asociación por muy internacional que sea, mi consejo es que el interesado utilice su propio raciocinio, sentido común y discernimiento, para observar la coherencia, formación profesional, seriedad, honestidad y sobre todo los resultados obtenidos con la práctica.
Realmente, pocas son las personas que se dedican seriamente al Yoga, dado que la gran mayoría de los practicantes e incluso de quienes lo enseñan, únicamente realizan algunos de sus ejercicios más conocidos como son especialmente las asanas, al ser lo que más divulgaron los ingleses y primeros autores en sus libros. Incluso hoy en día, es alarmante la cantidad de libros que se editan sobre asanas, como pareciendo competir entre ellos, descuidándose alarmantemente la verdadera esencia interna del Yoga, como lo es sus principios morales, éticos, espirituales, mentales o filosóficos, por los que se interesan únicamente un ínfimo número de lectores, haciéndolos poco comerciales.
Ante tanta diversidad de métodos, sistemas y publicidad de todo tipo relacionada con el Yoga, entiendo que debemos ahondar en las raíces clásicas del Yoga para establecer unas bases o pautas firmes que puedan ser útiles y suficientes para todos aquellos que se acerquen al Yoga con verdadera ansia de aprender, practicar y mejorar.
Así, primeramente, y observando que la gran mayoría de los alumnos acuden a los centros o clases que se desarrollan indistintamente dentro del concepto generalizado del Yoga, acuden con la finalidad prioritaria de mejorar su salud, les aconsejo la práctica de los principios básicos del Hatha-Yoga, tal como el CEYSI de forma pionera viene desarrollándola en Galicia desde hace 22 años. Así, tendríamos que la práctica de diferentes ejercicios respiratorios (abdominal, completa), junto los más básicos del pranayama, las 15 posturas más beneficiosas y accesibles a la mayoría de principiantes, sencillos ejercicios de meditación, y especialmente la práctica de técnicas de relajación, normas prácticas sobe alimentación equilibrada y orientaciones prácticas sobre las leyes de la mente y del pensamiento, serían más que suficientes para que pudieran ir obteniendo progresivamente los beneficios que pretenden, asistiendo a dos clases semanales y practicando por su cuenta de 15 a 30 minutos en su hogar.
Referente a los interesados en avanzar seriamente dentro del Yoga, les aconsejo el crear una disciplina diaria (sadhana), en la práctica de los diferentes técnicas relacionadas con las asanas, el pranayamas o la meditación, así como adentrarse en el estudio serio de las enseñanzas sagradas del Yoga como el Bhagavad-Gita, los sutras de Patanjali, o las diferentes enseñanzas incluidas dentro de la filosofía vedanta. Por supuesto, no me refiero al simple estudio sino a la meditación o reflexión de sus conceptos a fin de ir comprendiéndolos, asimilándolos y llevándolos a la práctica diaria en la vida cotidiana. Yo creo plenamente en la práctica del “Yoga cotidiano”, y así lo inculco a mis alumnos, haciéndoles comprender los muchos beneficios de las enseñanzas prácticas del Yoga en la vida cotidiana. Utilizar, por ejemplo, el control respiratorio o la relajación como medios prácticos, rápidos y eficacísimos de autoayuda y autocontrol mental-emocional ante diversidad de circunstancias cotidianas; la actitud mental positiva ante las adversidades; la meditación silente como medio de desconexión de las preocupaciones y agobios de la vida diaria o el tratar de llevar una vida tranquila como filosofía práctica de vida.
El Yoga clásico o tradicional fue elaborado hace unos 5000 años en un país concreto del planeta, para un grupo determinado de buscadores y practicantes, con una capacidad y dedicación casi exclusiva a su práctica alejados del la vida cotidiana y bajo la firme observación y corrección de verdaderos maestros. Hoy en día, tal como predice la denominada “era de Kali-Yuga”, los maestros son escasos o inexistentes, igual que los santos o místicos, y ello tiene su porque. Quien desea realmente encontrar la verdad y el conocimiento dispone de multitud de libros o métodos para aprender, de centros y escuelas serias que inculcan las enseñanzas trasmitidas de generación en generación, pero es cada uno quien debe discernir, como dice el antiguo adagio hindú: entre lo real y lo irreal y nadie tiene el papel de creerse en posesión exclusiva del mejor método o del único.
Lo que si es cierto, es que tras el tiempo trascurrido desde los orígenes del Yoga, y como el CEYSI preconiza desde su fundación en 1984, se hace “imprescindible” su adaptación a la edad, capacidad, mentalidad y necesidad de cada practicante. Es por ello, que cada persona debe buscar el tipo de Yoga que más puede acercarse a sus intereses o necesidades personales, pero, buscando que esté basado en las enseñanzas del Yoga clásico y tradicional, sin apartarse de sus sagradas y sabias raíces que en mucho, todavía siguen siendo válidas para el hombre civilizado o moderno de Occidente. Es labor de los verdaderos difusores del Yoga trasmitir a sus alumnos la existencia de la verdadera esencia del Yoga, aunque aconsejo hacerlo fueras de las clases habituales, a modo de que acudan únicamente los verdaderos interesados en ahondar en el verdadero Yoga, dejando que los demás alumnos se beneficien únicamente de sus aspecto más terapéutico si eso es lo que vienen buscando.
Es preocupante observar el estado actual del mundo en el que el hombre sigue enfrentándose al hombre por la diferencia de creencias sean cuales éstas sean, especialmente religiosas o políticas, pero lo verdaderamente penoso es comprobar que existan disputas o enfrentamientos de diverso índole entre diferentes profesores o centros de Yoga, dando una pésima imagen a quienes se acercan a su práctica en busca de la paz y armonía que no encuentran en otros lugares. Desgraciadamente gran parte de la humanidad está enferma y hacen falta muchos más serios profesionales y centros para contribuir al mejoramiento del individuo y de la sociedad. Si se entiende mejor, hay trabajo para todos, y lo expongo así, ya que muchas personas se dedican a la enseñanza del Yoga únicamente basado en intereses económicos, lo que le lleva a no tener ningún respeto ni moralidad ante quienes se dedican a lo mismo, entablando disputas entre ellos que alejan a la gente del Yoga. Que cada cual enseñe el Yoga como sienta hacerlo, pero que no haya enfrentamientos de ningún tipo, puesto que la misión del Yoga no es crear discordia ni guerras entre sus diferentes profesores, sino la de difundir e irradiar la paz entre todos los seres, amparados en el respeto mutuo, la libertad de enseñanza y permitir el libre albedrío del alumno a la hora de escoger con quien desea aprender. Todo ello, siempre bajo el resultado de un profundo examen de conciencia y el sentimiento de bien y ejemplo moral que siempre han practicado y difundido los verdaderos yoghis.
Namaste. Om Shanti
